Anochece, al otro lado del atardecer. Las nubes se colocan, ordenadas, salpicando el cielo rosáceo. Es domingo. Conduzco de regreso. Conduzco de ida hacia la vuelta de un viaje breve y cíciclo. Siento que incluso las melodías obedecen sumisas a un ciclo que desconozco. Tom Petty canta, con su voz desgarrada, el estribillo de una de sus canciones: Too high in the morning.
Mis manos están sobre el volante. Mis pensamientos, sobre el día detenido, sobre el rosado firmamento que no parece que exista.
Tú quedas a un extremo del pensamiento, junto a los ecos del día y las palabras que leí ayer sobre la similitud entre recordar e imaginar, entre volver al pasado con el pensameinto o imaginar, desde él, el futuro.
Hay un paradigma en cada uno de tus besos. Quizás tienes razón y es la realidad la que no exite. O soy yo quien es un espejismo.