PENSA-MIENTOS
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                                                                                              16.10.2010

Es domingo.

Puede parecer que etiqueto mi existencia, los actos y emociones que encierra, clasificándolos de acuerdo al extraño, y a l avez común, criterio de asociarlos a los días de la semana e incluso al tiempo atmosférico que los adjetiva. La lluvia, su nombre y su presencia…El viento…El amanecer…Las manos de la noche…Todas ellas encabezan mis pensamientos cuando se disfrazan, sin entregarse al antifaz de la insinceridad, de texto escrito y se acomodan aquí, ordenados ordenados en extraña entropía de palabras y frases, en esta pantalla que ahora lees.

No sé si es cierto. Quiero decir que no estoy convencida de que mi vida se pudiera resumir a una sucesión de lunes y noches con un significado propio, a una semántica intíma y extraña. Clasifico inconscientemente casi la totalidad de lo que me rodea, es cierto. Divido la realidad entre lo que me estremece, en positivo o ennegativo, y entre aquello que se deliza, sin pretensión alguna de ser vívido y emocional, frente a mi mirada interna.

Hace unos instantes, me preguntaba cuál era la razón de no sentirme capaz de escribir, verter mis ideas, sobre aquello que no se ha acercado, previamente, a mis emociones, a la piel o al alma, a veces tan rota que busca en la realidad un bálsamo minúsculo. Necesito sentir lo que la vida deja en mí, lo que rechaza, lo descartado, a veces, por la razón, y estremecerme en ello, supongo que para reafirmar que soy, existo, en medio de este océano de espejismos, a veces tan intensos que confunden mis sentidos. En ocasiones, cuando mi mente decide recrearse en las preguntas para construir nuevas dudas, me interroga, con la voz hecha idea. Me pregunta entonces qué sucedería si, un día, mi corazón se rompiera tanto que ya no pudiese sentir más que la gelidez de la extrema razón.

Detengo mi interior y me dejo ser una pregunta que se encadena a otra.El café solo está ya frío. Escribes a unos pasos de mí. Doblas las páginas con letrasde papel y las ordenas. Sin que lo sepas, te observo. Las hojas de los árboles, tras la ventana blanca, oscilan levemente. Diviso la mar que tanto nos gusta, dibujándose apenas tras los inmensos critales de esta habitación. Doy un sorbo a mi café y siento que tu presencia dulcifica, cada día, mis temores.

Fotografía I’TS RAINING BY HEIDY WITTVER

Llueve. No sé qué extraña magia poseen estas lágrimas indoloras que el cielo vierte, He dejado de teclear, por unos instantes, para infiltrarme en su descenso, en su cadencia, casi muda. Las letras saben que no es momento de unirse para formar las palabras que, con vehemencia, intentaban emerger de mis emociones. Ahora es la lluvia quien habla, con sílabas acuáticas, por ellas. 
Esta tarde, ahora, llueve…

Fotografía I’TS RAINING BY HEIDY WITTVER

Llueve. No sé qué extraña magia poseen estas lágrimas indoloras que el cielo vierte, He dejado de teclear, por unos instantes, para infiltrarme en su descenso, en su cadencia, casi muda. Las letras saben que no es momento de unirse para formar las palabras que, con vehemencia, intentaban emerger de mis emociones. Ahora es la lluvia quien habla, con sílabas acuáticas, por ellas.

Esta tarde, ahora, llueve…

                 PICTURE: Wolwedans night by JAKY KOBELT


30.09.2020
OTOÑO Y ABRAZOS

Parece que es el otoño  quien ha dejado un guiño tras la ventana blanca de nuestra habitación.  Solo lo parece, porque el sol no cesa en sus giros invisibles y rápidos,  no abandona su empeño de vestirnos con el tul de un verano que no  quiere alejarse. Dejas, una vez más, la ventana abierta. Dejas que la  noche nos contemple.
Nos deseamos el corazón, mientras algunas ráfagas del aire rebelde  que corretea por la oscuridad se adentra en el penúltimo abrazo que,  sobre estas sábanas nocturnas,  hoy nos damos.

                 PICTURE: Wolwedans night by JAKY KOBELT

30.09.2020

OTOÑO Y ABRAZOS


Parece que es el otoño quien ha dejado un guiño tras la ventana blanca de nuestra habitación. Solo lo parece, porque el sol no cesa en sus giros invisibles y rápidos, no abandona su empeño de vestirnos con el tul de un verano que no quiere alejarse. Dejas, una vez más, la ventana abierta. Dejas que la noche nos contemple.

Nos deseamos el corazón, mientras algunas ráfagas del aire rebelde que corretea por la oscuridad se adentra en el penúltimo abrazo que, sobre estas sábanas nocturnas,  hoy nos damos.

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LUNES

La lluvia amenazante se quedó hoy rezagada en el fondo oscurecido de las nubes. Ahora descanso sobre mis pensamientos, respiro y contemplo el centro de mi mente, el espacio invisible que sólo tú ocupas cuando evoco tus ojos pequeños. Sonríe la noche porque sabe que no eres únicamente un recuerdo. Prince canta una canción que me susurra que a veces puede nevar en abril. Así eres tú, como la nieve que sucede cuando nadie lo espera, con rebeldía y, a la vez, con dulzura.

Anochece, al otro lado del atardecer. Las nubes se colocan, ordenadas, salpicando el cielo rosáceo. Es domingo. Conduzco de regreso. Conduzco de ida hacia la vuelta de un viaje breve y cíciclo. Siento que incluso las melodías obedecen sumisas a un ciclo que desconozco. Tom Petty canta, con su voz desgarrada, el estribillo de una de sus canciones: Too high in the morning.

Mis manos están sobre el volante. Mis pensamientos, sobre el día detenido, sobre el rosado firmamento que no parece que exista.

Tú quedas a un extremo del pensamiento, junto a los ecos del día y las palabras que leí ayer sobre la similitud entre recordar e imaginar, entre volver al pasado con el pensameinto o imaginar, desde él, el futuro.

Hay un paradigma en cada uno de tus besos. Quizás tienes razón y es la realidad la que no exite. O soy yo quien es un espejismo.

Junio es un solsticio amarillo en el que suena,también, el silencio.

Juegan las sílabas a encadenarse y plagar de música la piel celeste.

Soy feliz.

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            I

En tu cuerpo,

cada amanecer

es luz renovada.

      II

Te sienten las lunas

que encierra mi pubis

abandonado a tus manos.

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VIERNES_26_feBrerO_2010

LA FOTOGRAFÍA ( I )

A las diez y media, en el punto que la hace hora en punto y hora partida, ha sonado mi móvil, dándole sonido a un guiño que indica que hay alguien, en algún lugar, que desea encontrarse con mi voz. Se trataba de J.

J. nunca me pregunta directamente qué hago, cómo estoy, en qué idea estoy pensando…Puede que no sea consciente, pero J. parece presentir que un instante es el adecuado para intercambiar invisibles espumas que le vinculan con las personas que formamos su entorno emocional

-¿Tienes un rato para alimentarte?

Esa ha sido la frase con la que ha iniciado nuestra conversación. Desde hace mucho tiempo, él sabe que me nutro con la mirada, que mi necesidad de ver y buscar, de contemplar es más intensa que el hambre de alimentos reales. J. odía hablar con desconocidos. Así llama él a todas las personas que quedan fuera del circulo vital que le envuelve, reducido en realidad a cuatro maigos, enttre los que me incluye; su hermana M. y su perro, ESEENE, sn, SIN NOMBRE, un juego más de J. con las palabras. Vive en el ático de la calle que queda en el extremo norte de la ciudad, alejado del centro y el hormigueo de las mujeres compradoras y los hombres aferrados en un beso interminable a su móvil o su attaché. Desde la única ventana que da al exterior, J. contempla el trascurso del día y de la noche, duplicando sus ojos, mirando la realidad sin separarse del visor de su cámara fotográfica.

Un día, J. abrió uno de los cajones del armario negro en el que guarda su ropa. Nunca lo he visto ocupado más que por algunas, pocas, camisetas y media docena de camisas, todas negras, estiradas artificial y exageradamente, sostenidas con pinzas a las perchas, antecediendo a la pantalonera de la que cuelgan tres pantalones desgastados, supongo que antaño de color azul oscuro. Al extraerlo del riel, el cajón produjo un chirrido corto, pero molesto.

-“Son mi diario”

Se refería a un montón, intraducible en una cifra exacta, de tarjetas SD. Cada día, desde hace un tiempo que no acierto a ubicar en una fecha concreta, fotografía desde la ventana todo lo que sucede a su alrededor durante las horas, practicamente todas, en que no abandona su ático. Hace tres años cerró su consulta. No suele explicar porqué terminó clausurando y traspasando el gabinete en el que trabajaba como un reconocido psicólogo. En realidad, sus palabras, poco a poco, han sido absorbidas por las fotografías: no necesita conversar, no expresa su interior sino es mostrando a las pocas personas a las que invita a franquear el umbral de su casa una serie interminable de fotografías que aparecen, como relámpagos de un calendario artificialmente construído.

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JUevEs 26 de febREro 2010 

Neruda, en su ODA A LA TIPOGRAFÍA, escribe:

“La letra

fué la madre

de las nuevas banderas,

las letras

procrearon

las estrellas

terrestres

y el canto, el himno ardiente

que reune a los pueblos…”

No tengo sensación, ni sentimiento, de pertenecer a ningún pueblo. No sé ni siquiera tararear un himno. Confundo los colores de todas las banderas a pesar de que sé que una bandera es poco más que un pañuelo falsamente compartido.

Sin embargo, reconozco cualquier letra, la percibo latir en el inicio o la sílaba final de las palabras, ya sean claras o difusas. Una palabra es una estrella engendrada por la voz que más se escucha: la del alma